Son las 7:05 de la mañana cuando llegué al salón de clases de Comunicación, estaban mis compañeros fuera del salón porque todavía no llegaba la maestra; ese día la maestra había organizado una salida al Centro de Tijuana, un lugar en el que varios de mis compañeros no tenían ni idea de lo que existía en ese lugar. La profesora llegó a las 7:15 y nos organizamos en grupos para irnos al estacionamiento de la Comercial Mexicana, yo me fui con Violeta, Christian y Ricardo. Cuando llegamos al estacionamiento, nos dirigimos a la parada del camión, ya que nos iríamos en transporte público. Mientras esperamos a que llegara el camión, algunas de mis compañeras estaban nerviosas porque era la primera vez que se subían a un camión. Por fin llegó el camión, nos subimos, pagamos el pasaje y nos dirigimos al Centro de Tijuana, cuando íbamos en camino, había gente sentada muy seria por cierto; éramos los únicos que veníamos hablando, parecíamos turistas. El camión hizo varias paradas subiendo gente que tenía como destino llegar a sus trabajos a tiempo.
Cuando llegamos al Centro, la gente se bajó rápido para caminar y llegar a su trabajo, o tal vez para tomar otra ruta, enseguida nos bajamos y caminamos a la Avenida Revolución, una calle muy transcurrida por los turistas. Había mucha gente caminando de una calle a otra, otras personas abrían sus negocios y se ponían a barrer la banqueta. Fuimos por nuestras compañeras Liliana y Lupita que se fueron en carro, después de eso nos dirigimos al reloj del arco, que según esto lo hicieron para que puedas ver la hora desde cualquier punto de Tijuana, seguimos caminando y llegamos a un mercado en el que sólo estaban abiertos cuatro negocios, pasamos por el pasillo del mercado y en uno de los puestos nos encontramos que vendían amuletos de la suerte tales como la sata muerte, inciensos, veladoras, patas de conejo,etc., al final del mercado había un puesto que vendía quesos, tenía un aspecto muy desagradable, además que olía muy feo.
Seguimos nuestro camino y llegamos al reloj que había comentado anteriormente, la profesora nos reunió y nos tomó una foto, continuamos y llegamos a la esquina en donde se ponen muchos mariachis, sólo que esa vez era muy temprano para que hubiera mariachis, caminamos y poco a poco se empezaba a ver movimiento en el Centro, los locales empezaban abrir; seguimos caminando y llegamos a la Coahuila, en donde había varias mujeres prostituyéndose en busca de sacar adelante a su familia, cuando estábamos ahí, había infinidad de bares y curiosamente había una Iglesia Cristiana en medio de la calle, entonces la profesora nos contó la historia del bar que se encontraba frente a la Iglesia; resulta que los propietarios de ese bar fueron a sacar un permiso para poner un bar frente a la Iglesia y la delegación no se los dio, a menos que a ese bar el pusieran como nombre Infierno.
Ya casi era tiempo de regresarnos a la escuela para que no llegáramos tarde y de igual manera nos regresamos por los lugares que habíamos recorrido y cuando llegamos a una plaza, Violeta sacó de su mochila unos pingüinos e improvisó un pastel, ya que era cumpleaños de nuestro compañero Héctor.
Después nos dirigimos hacia la parada del camión que iba para Playas de Tijuana, llegamos a la base, nos subimos y nos preparamos para tomar el camino de regreso. Cuando íbamos agarrar la Calle 3ra, se subió un señor con un acordeón y se puso a tocar, estuvo bien ya que nos hizo más entretenido el viaje, el señor estuvo tocando y se bajo en el Soler, después de ahí continuó con su camino para Playas; nuestra profesora iba espantada porque el camión iba rápido, hasta que por fin llegamos al estacionamiento en donde habían dejado los carros, solo que esta vez me fui con la profesora porque Violeta se iba ir a desayunar. Cuando llegamos a la universidad nos dimos prisa, ya que habíamos llegado como con 10 minutos de retraso a nuestra siguiente clase.
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